No todas las apuestas se hacen por dinero: a veces, lo que se apuesta es la vida propia. H. Melville, el autor de Moby Dick se inspiró para escribir esa novela en un encuentro que tuvo en alta mar con un buque ballenero en el océano Pacífico.
El escritor, antes de dedicarse a esa actividad, viajaba como tripulante en otro barco de la misma bandera - ambos eran norteamericanos - que se cruzó en alta mar con un buque ballenero que estaba emprendiendo una gira de caza. En aquel entonces era muy frecuente que se cazaran ballenas, sobre todo para la obtención del denominado 'aceite de ballena', muy utilizado en una gran variedad de formas diferentes.
Los buques balleneros de aquel entonces - mediados del siglo XIX - eran veleros bastante rápidos y eficientes, de conformación similar a los clippers o fragatas que todavía están en uso, aunque un poco más pesados, dada su condición de buques factoría en los que se procesaba totalmente al producto de su caza. Cuando las bodegas se llenaban con lo obtenido, estos buques regresaban a su puerto original, o fondeaban en algunos especialmente construidos para pasar el invierno o redistribuir la carga.
Los primeros ocupantes semi permanentes de la Antártida fueron justamente, balleneros que de manera no siempre legal, establecían sus puertos donde les convenía por razones comerciales. Tal es así que apareció el puerto de Grytviken en las Georgias del Sur - disputadas entre la Argentina y el Reino Unido - y el puerto ballenero de las Islas Orcadas, donde los buques de patente argentina dedicados a la faena de las ballenas, fondeaban en invierno.
De esta misma forma, había puertos balleneros - no siempre asociados a poblaciones permanentes o de gran envergadura - distribuidos por todo el mundo, y muchas islas se exploraban precisamente con el objeto de ver si se podían establecer fondeaderos para este tipo de faenadores. Desde luego, semejante abuso de los recursos naturales ha llevado a los cetáceos al borde de la extinción, y gracias a las pésimas prácticas de depredación, toda la industria ballenera luego se deshizo y prácticamente todos estos puertos que no se convirtieron en poblaciones quedaron abandonados.